Catering · Bajo Aragón
Nuestra cocina, en vuestro sitio
Hay gente que ya tiene el sitio. La masía de la familia, el jardín de casa, el salón del pueblo, el patio de una bodega, el local de la empresa. Lo tienen decidido desde antes de decidir nada, y lo que les falta es lo otro: que se coma bien de verdad, con doscientas personas sentadas y sin que nadie tenga que disculparse por la comida. Eso es lo que sacamos fuera.
Comensales que salen de esta cocina un fin de semana cualquiera
Qué es esto y para quién
El espacio lo ponéis vosotros
Aquí no se vende una finca. Se vende solo la cocina, para quien ya tiene resuelto el dónde y quiere resolver el qué se come.
El caso más repetido es el de siempre en esta comarca: una casa que viene de familia, una masía que lleva tres generaciones en el mismo apellido, un jardín con olivos donde se ha comido toda la vida. Nadie que tenga eso quiere casarse en otro sitio, y hace bien. El problema aparece después, cuando hay que dar de comer a doscientas personas en un lugar que no está montado para dar de comer a doscientas personas.
Ahí es donde entramos. Vosotros ponéis el sitio y la idea; nosotros ponemos la cocina, el criterio y las manos. La celebración sigue siendo vuestra y sigue siendo en vuestra casa: lo único que cambia es que a la una y media sale un cóctel que está a la altura del sitio, y que a las cuatro nadie se ha quedado sin comer.
El segundo caso no tiene nada que ver con las bodas y también es habitual. Una empresa que presenta algo en su nave o en sus oficinas. Un ayuntamiento que organiza una comida en el pabellón o en la plaza. Una bodega, una cooperativa, una asociación con su local de siempre. Tienen el espacio, tienen el público y tienen la fecha; lo que no tienen es a nadie que sepa sacar trescientos platos calientes a la vez.
En los dos casos el encargo es el mismo y muy concreto: llevar allí la cocina que aquí trabaja todas las semanas. No un montaje de ocasión, no una carpa improvisada. La misma cocina.

Por qué a una finca y no a un catering
Esta cocina no se monta para el evento
Trabaja todas las semanas. Ese es el argumento entero, y conviene decirlo tal cual.

Un catering al uso reúne un equipo para vuestro día. Se contrata gente para esa fecha, se alquila lo que hace falta y se desmonta el lunes. Puede salir muy bien, pero es un equipo que se conoce el sábado por la mañana.
Aquí es al revés. En Finca El Tajar se dan de comer a trescientas personas cada fin de semana, con la misma brigada, en la misma cocina y con el mismo jefe delante. El equipo de cocina lleva años sacando bodas grandes sin haberse anunciado nunca: la gente llega porque ha comido en una boda nuestra y ha preguntado quién estaba en la cocina.
Lo que eso significa el día de vuestro evento es muy práctico. Significa que los tiempos están medidos porque se miden todos los sábados. Que sabemos cuánto tarda en salir un pase de doscientas raciones y cuánto se enfría un plato entre el office y la última mesa. Que los quince o veinte menús distintos que siempre aparecen —celíacos, alérgicos, veganos, niños— no son una urgencia de última hora, sino un trámite. Y que si algo se tuerce, se tuerce delante de gente que ya lo ha visto torcerse antes.
Sacar eso de la finca no es empezar un negocio nuevo desde cero: es llevar a otro sitio lo que aquí ya está hecho.
Qué se lleva
La cocina entera, y lo que la rodea
Cada espacio es distinto, así que esto no es un paquete cerrado: es la lista de lo que se habla en la primera conversación, punto por punto.
La cocina
Lo esencial y lo que da sentido a todo lo demás. El menú se compone con vosotros igual que aquí dentro: un cóctel de entre seis y doce aperitivos, fríos y calientes, entrante opcional, un pescado, sorbete, una carne, postre y tarta si la queréis.
El equipo de sala
Servir bien a doscientas personas es un trabajo de sala tanto como de cocina. Cuánta gente hace falta y quién la pone se decide mirando el espacio: hay sitios donde tiene sentido que vaya nuestro equipo y sitios donde ya hay uno. Se habla antes, no el día de antes.
El montaje
Dónde va el office, por dónde salen los platos, cómo se reparten las mesas para que el servicio no cruce por delante de los invitados. Es la parte que nadie ve y la que decide si la comida llega caliente.
La vajilla y el material
Vajilla, cristalería, mantelería, mobiliario de cóctel. Puede que ya tengáis parte, puede que no tengáis nada. Se cuenta lo que hay, se completa lo que falta y se dice desde el principio qué entra y qué no.
La bodega y la barra
Vino, agua, cava, cafés y carro de licores. Y si el evento pide fiesta después, barra. Igual que en la finca, se decide con vosotros y aparece desglosado.
La cocina en directo
Podemos valorar estaciones de barbacoa, mariscos y zamburiñas. Es lo que más cambia un cóctel y también lo que más espacio, agua y luz necesita, por eso se mira en la visita y se dice claro qué entra en vuestro sitio.
El estudio del espacio, antes de nada
Antes de comprometer un menú se va a ver el sitio. Se mira el acceso para el material, el agua, la luz disponible, dónde se puede montar la cocina de apoyo y cuánta distancia hay hasta la mesa más lejana. De ahí sale lo que se puede hacer y lo que no. Preferimos decir «ahí no» que decir «ya veremos».
El nivel
El criterio de cocina no baja porque cambie la dirección
Una cocina se retrata por cómo compra, cómo prepara y cómo sirve. Trabajamos con producto de mercado y de temporada, priorizando proveedores cercanos cuando el nivel lo permite.
No vamos a listar aquí los platos, y es una decisión deliberada: la carta se compone hablando con vosotros y no está para que la copie nadie. La propuesta gastronómica completa se comparte de forma personalizada, con vuestro evento delante.
Y lo que no se negocia: menú infantil propio y menús adaptados para veganos, vegetarianos, celíacos, alérgicos y cualquier intolerancia, cocinados en la misma cocina y servidos a la vez que el resto. Nadie come solo ni come más tarde.
Criterio de cocina
- Producto de mercadoSegún temporada y disponibilidad
- Proveedores cercanosCuando el nivel lo permite
- Propuesta personalizadaSe comparte por WhatsApp o en visita
- Cocina en directoSolo si el espacio lo permite
Cómo se pide
Cuatro datos y una visita
Es un servicio nuevo, así que preferimos hablarlo antes que publicar condiciones que después no sirvan para vuestro caso.

Para empezar a hablar hacen falta cuatro cosas: dónde es, qué día, cuántos sois y qué hay montado ya en el espacio —si hay cocina, si hay agua cerca, si hay luz suficiente, si se puede llegar con una furgoneta hasta la puerta—. Con eso se puede decir si tiene sentido y por dónde iría el menú.
Después se va a ver el sitio. La visita no es un formalismo comercial: es donde se decide si el cóctel se puede montar en el patio o hay que meterlo dentro, si la cocina en directo cabe, cuántas manos hacen falta y a qué hora tiene que estar allí el primer camión. De esa visita sale una propuesta concreta para vuestro espacio, no un catálogo.
Y hay cosas que todavía no vamos a escribir en una página web porque el servicio acaba de arrancar: hasta dónde nos desplazamos, a partir de cuánta gente compensa salir de la finca y qué fechas quedan libres sin comprometer las bodas de aquí. Todo eso se contesta en la primera llamada, con vuestro caso delante y sin rodeos. Si no llegamos, lo decimos ahí mismo.
Lo que se pregunta siempre
Preguntas de la primera llamada
¿Hasta dónde os desplazáis?
¿Hay un mínimo de comensales?
¿Hace falta que el espacio tenga cocina?
¿Quién pone los camareros?
¿Y la vajilla, las mesas y la carpa?
¿Se pueden resolver alérgicos, celíacos, veganos y niños?
¿Se puede llevar cocina en directo fuera?
¿Cuándo hay que reservar?
Contadnos vuestro evento
Dónde es, qué día y cuántos sois
Lo más rápido es WhatsApp o el teléfono: lo cogemos nosotros y se resuelve en cinco minutos. Si preferís dejarlo escrito con calma, este formulario también llega, aunque es la vía más lenta de las tres.
Y si preferís verlo aquí primero
La finca sigue en pie
Este servicio no sustituye a nada. La casa sigue haciendo lo que lleva años haciendo: bodas de doscientos a trescientos invitados en Mas de las Matas, con un solo evento al día, zonas ajardinadas, estanque y zona chill out fuera, y salones con capacidad para trescientas personas dentro.
Hay parejas que llaman para pedir catering en casa, vienen a ver la finca por curiosidad y acaban celebrando aquí. Y al revés. Las dos puertas están abiertas y se entra por la misma llamada.

